A MI MANERA
Sé
que ahí afuera
hay multitud de personas
incapaces de perder el tiempo:
decidiendo
lo que debe ser dicho,
lo que debe ser hecho,
y en qué emplear
cada minuto de cada día.
Conozco el juego y no me gusta.
Yo no participo.
Estoy a salvo entre mis cuatro paredes
con mi tiempo que perder,
y un montón de amigos muertos
en las estanterías.
Un ser extraño me observa desde un lienzo:
un Buda escuálido con ojos de ratón,
una oreja más grande que la otra,
levitando sobre un fondo rojo,
y confiándome:
“Tú no eres uno de ellos”.
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