ESCABECHINA
¿Qué es esta vida sino
una guerra que yo no pedí?;
el camino se me aparece
minado de hombres
que me arrojan sus palabras sin piedad,
haciendo trizas mi alma solitaria;
enterrado con otros soldados
bajo una trinchera de escombros
digo en alto: “yo no nací para ser soldado”,
“Renuncio”.
“Pero es la guerra, ¿acaso se puede renunciar?”,
-gritan todos; y me odian.
Me convierto así en un desertor;
me adentro en el bosque y busco
un poco de piedad
en las ramas secas
y en el trino de los pájaros;
encuentro un arroyo y en él me limpio
los restos de metralla; y en sus aguas
mi alma se reconoce y no quiere marcharse;
mi cuerpo se ve arrastrado por ella
y se zambulle, y ya no siente odio, miedo, tedio, soledad…
como ocurrióle con los hombres.
La mayoría sigue combatiendo
por inercia; en seguida se quedan sin alma,
y después siguen como bestias, hasta que sólo
quedan unos pocos despojos ;
sin atreverse, jamás,
a renunciar.
Toda guerra es civil, porque es la lucha del hombre con el hombre, es la lucha contra sus contradicciones internas.

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