Juventud achicharrada por el ogro liberal:
gritad hasta expulsadle;
y recuperad la calle, que es vuestra;
y recuperad la dignidad que ellos nunca tuvieron.
Ellos son los que meten la mano en vuestros bolsillos
y utilizan el parlamento para legalizar el expolio.
Y también están quienes gobiernan para ellos,
bajo mascaras ideológicas que os enseñan
para conseguir vuestro voto,
que luego utilizan de arma arrojadiza contra vosotros.
Vosotros: el Pueblo: vosotros: los verdaderos soberanos:
despojados del poder por la manipulación mediática;
convertidos en seres extraños a vosotros mismos,
desnaturalizados, partícipes involuntarios
de un sistema creador de riqueza para 10
y miseria para 10000.
Ellos son agujeros negros de avaricia
que engullen todo rastro de humanidad y orgullo,
y devuelven un residuo de hombre embrutecido,
una suerte de engendro incapaz ya de comprender,
sólo capaz de devorarse a sí mismo y a sus hermanos
en un mundo que se vomita a sí mismo una y otra vez
en una constante vorágine hasta que nosotros lo paremos.
El pueblo se ha echado a la calle después de un largo letargo,
y ahora es imparable;
el pueblo ha ocupado las calles de manera pacífica,
porque la violencia y las guerras son productos capitalistas,
y nosotros somos hombres y no ogros;
y nuestra revolución es justa porque es
una lucha por el pan;
y todas las luchas por el pan han sido legítimas
sin necesidad de ninguna etiqueta ideológica.
Y si estamos unidos y confiamos en la legitimidad
de nuestros objetivos
no habrá ogro ni sicario de los ogros que se atreva
a levantar una mano contra nosotros.
Y si lo hacen,
estarán envileciendo (“¡asesinando!”) todo aquello
que de sagrado y bueno tiene la humanidad,
y lo que quede después,
solo será un submundo de ogros
en el que no deseamos estar.
En legítima defensa ocupamos las calles
para no irnos hasta que nos den
lo nuestro.