La humanidad escapó a Auschwitz,
y anda errática
a lo largo de anchos caminos
y anchos silencios,
que confunden el alma
del guerrero teutón.
Muy pronto,
el ruido de mil Kalashnikov
volverá a ser el ruido del hombre,
y de su inmensa agonía
surgirá un nuevo grito desesperado
y una nueva lección
que se llevará el viento,
quedando sólo un eco de grandeza maldita
como recuerdo para las ratas.
Las ciudades devastadas
guardarán las lápidas de piedra;
y sobre ellas,
algunos hombres habrán inscrito
baladas osseánicas
contando su gesta.
Y las valkirias se las cantarán
a los hombres del futuro,
que se convertirán en los nuevos
verdugos.
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